

Puede decirse que el del año 1940 fue un verano de condiciones muy especiales. En efecto, el Sol brilló desde el mes de noviembre de 1939, llegando con su calidez y con su brillo prácticamente hasta finales de mayo. Es así como, temprano en la mañana del día 24 de ese mes, nos dimos cita en el antiguo local del Club de Regatas "LIMA", para remar y aprovechar uno de los últimos días de esa temporada tan generosa.
Estábamos, José Manuel Pérez Gamio, Narciso Fernández, Andrés Landavere y el autor de esta nota, para salir en la yola "Bellido". Al llegar, más o menos puntuales, nos encontramos con Gilberto Orellana, el gran "Teodolito", ingeniero de mar y tierra, como él se calificaba, a quien comprometimos para que se hiciera del timón, cosa que aceptó gustoso, lo que no nos llamó la atención por su enorme entusiasmo para todo y su vitalidad desbordante.
Hicimos unas cuantas millas siguiendo las observaciones de José Manuel Pérez Gamio, que era un estudioso del remo en lo referente a su ejecución. Efectivamente, un estilista y hombre muy eficaz en cuanto al rendimiento, similar -guardando las distancias, pero sin disminuirse- con ese otro gran remero que fue Fernando Ferrand, el popular "Chancleta".
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Íbamos cambiando opiniones respecto a la mejor forma de atacar para dar una buena palada y otras tantas cosas que nos llevaría mucho tiempo anotar. Concluida la faena de entrenamiento académico, regresamos al local del Club para la ducha de estilo, bajo los grandes tanques que eran nuestros depósitos de agua y de los cuales caía un chorro tan fuerte que había que recibirlo esquivando y poniendo distintas partes del cuerpo para soportar su impacto. |
Al llegar al muelle, nos encontramos con otros socios amigos que habían venido para aprovechar, también, la mañana tan linda del verano que se despedía. Su intención había sido sacar otro bote y salir a remar, pero pudo más la reflexión de Alejandro Casanova quien con la inteligencia, fruto de la experiencia, les dijo que el Sol era un regalo que no debían desperdiciar, que tiempo había para remar y que ese Sol era sin duda uno de los últimos de la temporada.
Ni cortos ni perezosos oyeron del "viejo" el consejo y se pusieron ropa de baño, condición en la que los encontramos. La sabia recomendación de Alejandro, caló rápidamente en todos y cada uno de nosotros; así que, rápidamente, nos sumamos al grupo y le pedimos al eterno "Colorao" Muñoz nos habilitara nuestras ropas de baño.
Hicimos un corrillo al pie del mar, en la vieja plataforma de madera que daba al desembarcadero de las yolas, y nos echamos al Sol, iniciando una conversación, lo más amena, respecto a tan particular estación que habíamos disfrutado.
Comentarios sobre las regatas sociales, los bailes, las chicas y en fin mil anécdotas, que normalmente se daban en gente que vivíamos el compañerismo de un deporte que habíamos abrazado con tanto cariño y particular inclinación.
Éramos del grupo los siguientes asociados: Alejandro Casanova, José Pérez Gamio, Carlos Rodríguez Larraín, Andrés Landavere Jordán, Luis Brambilla, José de la Torre Ugarte, conocido como "Carcancha", Alejandro Rizo Patrón P., Narciso Fernández "el Turco", "Teodolito" Orellana, Ricardo Flores Ronceros y el que escribe.
En el Club se encontraban también en sus labores propias: don Luciano Montero, hábil maestro de la madera y quien proveyó, durante muchos años, las yolas de regatas que tanto triunfo le dieron al Club "Lima". El "Colorao" Juan Muñoz entrenador de remo, de box, de marathon y de cuanto otro deporte puede hacer un hombre en 18 horas al día. Y don Vicente Miyashiro, conductor del cafetín del Club y que venía de hacer compras para el recordado 24 de mayo de 1940.
Ricardo Flores había sacado un chingo de fabricación nacional y hacía unas cuantas "pirigayas" para impresionarnos, lo veíamos cometer todas las locuras que le eran propias, razón por la cual llevaba apropiadamente su apodo.
Es difícil señalar, hoy después de tantos años, 63 para ser exactos, quién de los que allí estábamos hizo el comentario respecto a que "le veía algo raro al mar".
En efecto, la "chupina" era distinta, un poco encrespada y las olas sin ser muy grandes reventaban contra la playa y el acantilado. Breves segundos después se sintió un fuerte remezón, se trataba de un temblor que, si mal no recuerdo, estuvo en el orden de 6,6 de la escala de Mercalli.
Con epicentro cerca del Callao, se sintió mucho más fuerte tanto allí, como en La Punta y Chorrillos. Las dos penínsulas que cierran la gran bahía de Lima Metropolitana, de modo que la onda sísmica acrecienta su impacto. Ello significó que los tres distritos tuvieran daños de mayor consideración.
Para nosotros, ubicados al nivel de la playa, adquirió realmente características dantescas: desde San Miguel y Magdalena el acantilado se precipitaba sobre la playa, dando la impresión de una gran catarata de tierra, de dimensiones mayores, que las del Niágara. En efecto kilómetros y kilómetros de tierra caían sin cesar hasta las playas generando nubes de polvo inconmensurables.
El malecón de Chorrillos había caído como un huaico arrasando gran parte del dormitorio del Club, la pequeña cancha de básquet, los camerinos y parte de las duchas; la conexión con la plataforma de cemento se entrampó de tierra. Para algunos fue una verdadera odisea encontrar qué ponernos encima pues los casilleros quedaron destruidos; otros, muy pocos, los encontraron enteros, y tuvieron que surtir de ropa a los más afectados. El autor de esta nota tuvo que habilitarse un disfraz de dominó del casillero de Eduardo Morales y, en esa facha, pude llegar a mi casa en Miraflores. Alejandro Rizo-Patrón, con quien subí a lo que quedaba del Malecón no dejaba de comentar el grado de destrucción que se había producido; en efecto, los baños de Chorrillos habían desaparecido, la bajada al funicular era un recuerdo y los daños en el Malecón, propiamente dicho, eran devastadores.
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En la Plaza Matriz la Iglesia lucía con una de sus torres completamente destruida y la otra por caer; al atisbar de lejos el interior del templo, se veían los escombros; muchos solares de la Plaza Matriz fueron seriamente afectados. En general, Chorrillos como ciudad sufrió fuertemente la acción del sismo y desgraciadamente le dejó una marca que hoy, después de 63 años, lo ha dejado disminuido. El Callao y La Punta, además de los efectos del temblor, sufrieron un maretazo que originó, como es de suponer, gran destrucción en los locales de remo que allí existían. |
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El Club de Regatas "LIMA" también quedó bastante afectado. Sin embargo, la desgracia puso a prueba el cariño y el sentido de entrega de los asociados de aquella época. Inmediatamente y a pesar de la escasez de recursos, pues no éramos un Club rico, sino de clase media, - bien media, media- supimos empinarnos sobre las limitaciones e iniciar reparaciones de limpieza y reconstrucción. Dos figuras eminentes, vinculadas a nuestro Club, merecen nuestra gratitud, fueron ellos los que por razón de sus cargos hicieron posible lo que muchos daban ya por irreparable. Ellos fueron: don José Antonio de Lavalle, Presidente y don Julio Villalobos, uno de nuestros grandes Tesoreros.
A ellos se debe, y a quienes los rodeamos con gran entusiasmo, el milagro de "Lázaro levántate".
Mucha gente había sentenciado la muerte del remo vista la destrucción de los clubes chalacos y los daños del Regatas "Lima". Sin embargo, un grupo de los deportistas de aquella época no arrió banderas, y recordando todo lo que el Club había pasado en su historia, se propuso mantener el remo como deporte, e inició motivadoras regatas sociales, las que menudearon de acuerdo a lo que la situación consentía. Así nos sorprendió 1941, año en el que con el Club de Regatas "Unión" del Callao, una institución con la que siempre habíamos mantenido el mejor entendimiento y que igualmente hacía esfuerzos para superar los inconvenientes de la pérdida de su local, organizamos en la bahía de Chorrillos, unas regatas amistosas entre los dos clubes, con la participación de cuatro tripulaciones cada uno. El domingo 30 de marzo, 10 meses después de la tragedia, volvían a enfrentarse los tradicionales clubes rivales.
Al año siguiente, el 29 de marzo de 1942, los dos clubes organizamos una regata en la bahía de Ancón, coincidentes a las regatas veleros y de remo profesional que organizaba el Yacht Club de Ancón. Así, con el patrocinio de dicha asociación, se reanudaron oficialmente las regatas entre las dos instituciones remeras más importantes del país.

Llevar los botes, tanto los de cuatro remos como los ocho remos fue toda una odisea. En esa época no había muchos camiones trailers como los actuales, con gran capacidad de carga. Hubo que ingeniárselas, sobre todo para los botes de ocho remos, para los que se unieron dos camiones con una plataforma en la parte superior, en la que se colocaron las embarcaciones.
Como es natural suponer se produjeron algunos maltratos, sobre todo en las chumaceras, que fueron arregladas diligentemente al llegar por el Maestro Luciano Montero.
Las celebraciones eran propias de un calendario muy nutrido que tomaba, prácticamente, todo el día: regatas a vela, chalanas para profesionales de la pesca y jóvenes veraneantes de Ancón. La acogida que nos brindara el Yacht Club de Ancón, a través de su Presidente, Alfredo Benavides Canseco, fue de gran entusiasmo.
Se había comprometido la presencia del Presidente Prado, socio del Yacht Club de Ancón y socio vitalicio del Club Regatas "Lima".
El programa remero se inició a las 10 de la mañana con una regata de noveles, en botes de a cuatro, entre dos tripulaciones del Club "Lima" resultando vencedora la tripulada por Ricardo Malachowski, Jorge Maurier; Jorge Newton, Alfonso Duarte y al timón nuestro recordado ex presidente Guillermo de Vivanco.
En seguida, se desarrollaron las regatas entre los dos clubes, en yolas de cuatro y ocho remos y los equipos alinearon de la siguiente forma:
LIMA: Sk. Guillermo Salazar, Jorge Mulanovich, Augusto Torres, Alberto Álvarez Calderón, Tim. Augusto Pacusich.
UNIÓN: Sk. Eugenio Olivares, Manuel Carrillo, Britain Palliser, Tomás Wilson, Tim. Adolfo Junbluth.
Habiendo llegado en primer lugar el Club de Regatas "Lima" con un tiempo de 7’27". La segunda fue en bote de ocho remos y se alinearon de la siguiente manera:
LIMA: Sk. Guillermo Alva, Carlos del Solar, Federico Wakeham, Oscar Roca G., César Lynch C., Alfonso Rau, Antonio Raymond, Luis Brambilla, Tim. Guillermo Roose C.
UNIÓN: Sk. Alberto Musso W., Carlos Moyano, Luis Arata, Víctor Rospigliosi, Ariosto Schenone ,Luis Gardella, Alberto Junbluth, Carlos Duclós, Tim. Jorge Freyre R.
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Aquí también se impuso el "LIMA" con un tiempo de 6’18" 6/10. Al finalizar la jornada se llevó a cabo la ceremonia de premiación de los equipos del Club ganadores de las distintas competencias, ceremonia que estuvo encabezada por el propio Presidente Prado. Resurgía así el remo como deporte de competencia en nuestro país. Hemos querido, con este recuerdo, destacar las acciones de una institución, que gracias al esfuerzo realizado por sus directivos y asociados, cumplieron todo aquello que consideraron necesario e indispensable para mantener el culto al deporte que practicábamos con tanto entusiasmo. Hoy los pocos que quedamos, no podemos sino enorgullecernos de la labor que nos tocó llevar a cabo, en beneficio del deporte que le ha dado tantos lauros al Club "Lima". |
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Reporte del Instituto Geofísico del Perú
El 24 de mayo de 1940, cuando ya se sentía el cambio de estación en un día muy tranquilo y la población se encontraba haciendo sus labores cotidianas, ocurrió un fuerte sismo a las 11:35 de la mañana (16:35GMT) con epicentro localizado a 120Km. al NW de la Ciudad de Lima y tuvo una magnitud de 6.6mb con foco situado a una profundidad de 50Km. Este terremoto está asociado a la colisión de la placa de Nazca con la placa Sudamericana, y por su ubicación el sismo castigó duramente a las localidades Lima, Callao, Chorrillos, Barranco, Chancay, Huacho con intensidades de VII-VIII.MM Este terremoto dejó un balance de 179 muertos y más de 3500 heridos entre graves y leves. Los daños materiales fueron cuantiosos siendo más afectadas las construcciones de material de quincha y adobe. Por observaciones posteriores al terremoto, se encontró algunas localidades en ruinas por el desplomo total de casas y algunos templos por la baja calidad de su construcción. En recorridos hechos por algunas carreteras que unen las provincias próximas a Lima, se encontró derrumbes de rocas y tierra. Este terremoto sacudió casi todo el país debido a la gran cantidad de energía liberada, llegándose a sentir por el norte hasta el Puerto de Guayaquil (Ecuador) y por el sur hasta el Puerto de Arica (Chile).
Por su localización, profundidad e intensidad, este terremoto provocó un pequeño tsunami. El mar se retiró unos 150m. mar adentro frente a las playas de Lima y retornaron gradualmente a su nivel con olas de hasta 3m. de altura las mismas que lograron sobrepasar algunos muros de defensa localizados en La Punta-Callao, llegando a anegar completamente los muelles.