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En
1894, José Vicente Oyague y Soyer toma nuevamente la iniciativa, y
convoca a los antiguos socios, aquellos que sobreviven, y comienza con
ellos una nueva era en la vida del Club
de Regatas "Lima”. Por
encargo suyo, puesto que se encuentra en el extranjero, Francisco Pérez
de Velasco logra reunir en marzo a 18 ex-socios. En esa reunión se da
lectura a una Memoria
que resalta las acciones de los socios ligados a las epopeyas de la
guerra. El 7 de agosto del mismo año, estando Oyague y Soyer presente (y,
con él su hermano, Leopoldo, Carlos F. Basadre, Alberto de Souza
Ferreira, Julio Normand, Enrique Delboy e Isidoro Benavides), se aprueba
por aclamación el renacimiento del Club,
considerando como reorganización
mostrando así que para ellos nunca murió:
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«El señor J. V. Oyague y Soyer manifestó que ha citado a esta junta a
todos los antiguos socios del
Club de Regatas
«Lima»
residentes
en
la capital con el objeto de proponerles el plan de reorganizar el referido Club,
idea que fue aplaudida y aceptada por todos los señores presentes. Se declaró
que quedaba reorganizado el Club con los 58 socios de que
se formaba en la época en que fue disuelto y cuyos nombres aparecen en el acta
de la Junta General de 6 de marzo de 1881, Libro de Actas N. 1, F. 15, y descontándose
de este número los socios fallecidos» (Acta de Reorganización del Club de Regatas «Lima», 7 de agosto de 1894).

Baños de Chorrillos Club de Regatas “Lima”.
Se acepta a 35 nuevos socios, sin la
obligación de pagar el derecho de inscripción correspondiente. La reunión
tiene lugar en el Club Nacional,
del cual Oyague llega a ser vicepresidente entre 1889 - 1892. Se elige
Presidente a Oyague y Soyer, provisionalmente, y en la siguiente sesión (8 de
agosto) se formaliza la elección. Posteriormente Oyague asevera que el Club:
«hoy
cobrando nuevo aliento, emprende con redoblado amor y nueva fe su marcha
ascendente, tanto tiempo interrumpida» (Memoria,
7 de julio de 1895).
Los nuevos Estatutos se aprueban el 9 de
setiembre. Se desliga al Club
de
1.
Los derechos y obligaciones del Inspector de Regatas y los principios a que
deben sujetarse los bogas para sus ejercicios y entrenamiento, así como el
cuidado y conservación de los botes y accesorios. La desobediencia al Inspector
es causa de expulsión.
2.
Lo referente a la organización de Regatas y la clasificación de los
participantes; el uniforme del Club,
obligatorio para las prácticas, consiste en un gorro celeste (o blanco o un
sombrero de paja) con una cinta celeste, camiseta y pantalón de franela blanca
y zapatos también blancos; para las competencias la gorra y la camiseta deben
ser de seda.
En 1894, apenas reaperturado el Club
y sin contar aun con local propio, José Vicente Oyague tuvo la genial
iniciativa de organizar unos Juegos Deportivos Interescolares e Internacionales
denominados “Juegos Atléticos”, los que se realizan el 23 de setiembre de
1894 en la cancha Meiggs, (ubicada en el barrio de La Legua, entre Lima y
Callao), único campo deportivo que Lima poseía en esa época.
La organización fue perfectamente realizada (según
publica el diario El Comercio el sábado lº de setiembre de 1894). Se nombró
un Comité de Organización, Jueces de Partida, Jueces de Llegada, Jueces de
Tiempo, Comisario de Cancha, etc. El programa contenía carrera de 110 mt. (110
mt. con vallas); carrera llana de 110 mt., “Putting the weight” (Sic),
(lanzamiento de bala); carrera de 80 mt. para escolares entre 10 y 12 años;
salto alto; carrera llana de 400 mt. (400 mt. planos), salto a lo largo (salto
largo); etc. los juegos, inclusive tenían pruebas de ciclismo (deporte que recién
se estaba introduciendo en el país).
¡El evento tuvo un
éxito y consecuencias inimaginables; provocó un cambio substancial en las
mentes de alumnos y maestros y una evolución inesperada en el sistema educativo
del país!.
Fue continua
preocupación del Club, durante
varios años, conseguir fondos para construir su local y traer botes de Europa a
través de eventos de regatas. Sin embargo, siempre demostró su
desprendimiento, como cuando el año 1895, a petición del comandante de la
"Bomba Lima", el Club
organiza competencias atléticas, similares a las del campo Meiggs, en beneficio
del mencionado organismo, que obtiene el 35% de las ganancias habidas, a pesar
que la institución estaba preparando en ese momento una regata para sufragar
los gastos que ocasionaba la importación de los botes que recientemente habían
encargado a Europa.
El Club
a lo largo de su existencia, se ha preocupado por mantener cordiales relaciones
con las autoridades municipales y otras entidades particulares. Muchas
instituciones, de diferente índole, acuden a él para solicitar el uso de sus
instalaciones, donaciones diversas, colaboración en eventos, etc.
Como el Club renace sin tener un local propio, el 19 de mayo de 1895, el Presidente Oyague manifiesta que es una necesidad perentoria construir un nuevo local en la ribera del mar, en un terreno ubicado a la derecha del muelle erigido por el Sr. Dellepiani, a quien se debe convencer para que ceda al Club sus derechos sobre el muelle. Oyague y Soyer hace el trámite ante las autoridades ediles, quienes solamente facultan la colocación de la primera piedra, porque la licencia debe ser dada por el gobierno central. El Presidente de la nación, Nicolás de Piérola, se hace socio del Club por ese entonces, lo que facilita la obtención de la licencia. Piérola autoriza el levantamiento de un local sobre el mar, pero no se establece ninguna propiedad de los terrenos sobre los cuales se asienta el Club.El 19 de abril de 1896 se inaugura y se bendice el local
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El sacerdote de
Chorrillos, el R. P. Luyo, se encarga de la ceremonia bautismal, siendo
madrina la señora María Gertrudis de Bryce. Oyague, como Presidente,
recuerda en su discurso a los socios caídos en la guerra y, luego del
brindis, los invitados reciben medallas de oro y plata con las
inscripciones siguientes: “Inauguración
del local” y en el reverso: «Club
de
Regatas «Lima», Chorrillos, abril 19 de 1896». Este
acontecimiento es motivo de una de las fiestas más fastuosas de la época.
Los
últimos años
del fin del
siglo fue para
el Club
una época de expansión. |
Don Nicolás de Piérola. Cuando
era
Presidente de la República, presentó su solicitud de admisión como
socio a la vez que concedió el permiso de construcción del nuevo local |
En lo deportivo,
por ejemplo, modernizó sus botes, participó en cuanta competencia existía,
especialmente con el Club Regatas Unión
del Callao que se convertiría en su tradicional rival; salió victorioso en las
últimas Regatas del siglo, logrando el premio donado por el Consejo Provincial
del Callao que consistía en una canoa de cedro.
En el aspecto económico, recuperó lo
invertido en la construcción del local propio lo que permitió modernizar sus
instalaciones, construir una bajada propia desde el malecón de Chorrillos,
reforzar el muro en el que se apoyaba el puente que lo unía con tierra firme;
adquirir muebles y enseres nuevos, y a tono con los adelantos científicos,
instalar una línea telefónica por la que se abonaba S/. 60.00 anuales.
Pese a esto, pocos años después, en la
primera década del siglo XX, debido a que la actividad del mar iba socavando el
terreno. El local, al no poder resistir sus embates, se encuentra en grave
peligro de derrumbarse. Se tuvieron que efectuar obras de emergencia, se
construyó una columna que protegió el pescante; se levantó un muro de piedra
en el terreno de tierra firme. Se salvó el edificio, pero quedó en evidencia
que el mar, de momento rechazado por las obras realizadas, constituía, como
afirma Oyague en su memoria del 25 de enero de 1903, "seria amenaza para el
porvenir."

En primer plano, el “cuarto azul” famoso por las reuniones que tenían los asociados
En adelante el Club
se preocuparía por tener mayores áreas de terreno y modernizar su local. Pero
es difícil y ésta es una época dura para la Institución. Sin embargo, las
obras continúan.
Se tiene problemas con la Municipalidad que no repara el muro de los baños, que se encuentra en estado calamitoso, y que sirve de entrada a las instalaciones del Club; su derrumbamiento causaría la caída del puente y daños incalculables al local. Entonces, se decide hacer las obras indispensables para salvar el puente, logrando superarse el impase después que el mar ha destruido una gran parte del terreno contiguo. Los escasos recursos existentes (que llevan en 1904 a exonerar de la cuota de ingreso a los nuevos socios), no permiten acometer la tarea urgente de unir entre sí los rieles, por medio de travesaños y ni siquiera las refacciones indispensables. Además, el número de socios disminuye notablemente. Se decide aceptar como socios a aquellos que tienen 15 años de edad (solamente por un año, pero con posibilidad de ratificación). Se considera la admisión, como socios transeúntes, de menores que destaquen por su entusiasmo. A modo de ensayo, se aceptan socios transeúntes si pagan un año adelantado y luego, si así lo desean, quedar incorporados. Se autoriza la construcción del primer armario, se prohibe los juegos de azar, y se compra mobiliario.
Desde los años iniciales de vida del Club,
se desarrollan diversas actividades sociales. Así, el Club
cede su local a la Asamblea Patriótica Bolognesi (cuyo Presidente es José Vicente
Oyague y Soyer), en homenaje a Roque Sáenz
Peña, quien luchara al lado del coronel Francisco Bolognesi:
Desde el año 1900 nuestra institución tuvo muy
pocos eventos de remo, lo que trajo como consecuencia cierta apatía entre los
socios, que sin el incentivo de enfrentar a tripulaciones extrañas, no
encontraban satisfacción en competir entre si, e inclusive se retiraron del
remo. Al respecto Oyague dice en sus memorias del 19 de enero de 1902: "Han
abandonado este excelente ejercicio, lo que es en extremo sensible".
Ante esta situación, se decide organizar regatas públicas
para recuperar el entusiasmo de los socios. Se logra la incorporación de jóvenes
entusiastas. Se separa a quienes deben tres cuotas, asistan o no al Club.
Pronto los eventos se reanudan y durante algún
tiempo resurgen la competencias de regatas, pero las dificultades de la época
vuelven a limitar o hacer intermitente el entusiasmo por el remo.
En el año 1906, José Vicente Oyague y Soyer,
decide renunciar a toda reelección o elección futura. Se le otorga la
Presidencia Vitalicia Honoraria. Posteriormente se le solicita un retrato suyo
para mandar hacer una ampliación y colocarlo en la salita del local. Su foto es
emblema del Club y se encuentra y
estará siempre presidiéndonos en el Salón de la Presidencia.
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Durante la Presidencia de Manuel Ortiz de Zevallos (1906-1909), se procede a dotar de
instalaciones eléctricas al local del Club,
se funda la sala de esgrima y gimnasia, una escalera de bajada al agua, un baño
de lluvia, se encarga una docena de sillas a Europa, y se manda
a hacer
uniformes con el
nombre del Club, para ser vendidos a los socios a precio de costo, etc. Ortiz de Zevallos manifiesta:
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Manuel Ortiz de
Zevallos
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«El período que hoy termina ha sido de inusitada
actividad para el Comité, pues en él hemos echado las bases del
resurgimiento de la institución, tratando de vencer la apatía que por
desgracia principiaba a envolvernos en los últimos años, y que nunca
debemos dejar entrar a esta sociedad, que por tantos motivos está llamada
a figurar siempre en la primera línea». «Vosotros habéis seguido paso a paso los
esfuerzos hechos para dominar esa indolencia y hacer renacer en el Club
el entusiasmo de otros tiempos, que tan merecidos triunfos supo
conquistar, obteniendo el aplauso de propios y extraños. Así nos habéis
visto organizando campeonatos entre los socios, iniciando nuevamente la
competencia con los Clubes chalacos, adquiriendo el material más moderno
que puede conseguirse, y, en una palabra, tocando todos los resortes que
pudieran servirnos para despertar potentes las viriles energías de
nuestros consocios» (Memoria,
12 de enero de 1908).
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