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El Monitor “Huáscar”, desde cuya cubierta, su comandante Don Miguel Grau, actuó, de árbitro de la primera regata interclubes que gano el C.R.L. el 29 de junio de 1878
Con la Guerra, los más de 100 socios con los que ya contaba el Club, se enrolaron en la Marina y el Ejército; a quienes se encuentran en los campos de batalla se les exime del pago de la cotización mensual. Luego, van cayendo los héroes.
Pedro
Paz Soldán y Unanue, conocido por el seudónimo Juan de Arona, que se
caracterizó por su variada producción poética, canta el heroísmo demostrado
por los socios del Club en la
infausta Guerra del Pacífico, en el último verso de su poesía
"Inscripciones":
¡Compañeros, adiós! El Club
se cierra,Y cual vosotros, para el mundo ha muerto,
¡Su historia breve, terminó en la tierra,la
vuestra, eterna, a lo inmortal se ha abierto!
«Señores mi más ardiente anhelo.. [es] poder hablaros de los triunfos de la patria
de las glorias del Club porque sin los primeros, no debía siquiera pensarse en las últimas»
(Memoria, 6 de junio de 1880, José V. Oyague).
Cuando
Ernesto Plasencia es aún el único caído en la contienda, el Club
de Regatas «Lima»,
rindiéndole sensible homenaje, acuerda lo siguiente:
«Levantarle un Mausoleo en el Panteón de la Capital a la conclusión de la guerra" (Acta, sesión del 18 de agosto de 1980).
Esta idea se retorna, el 17 de setiembre de 1882,
pero ya como homenaje a todos los caídos, especificándose el Cuartel
de Nuestra Señora de Lourdes en el Cementerio Presbítero Maestro, de
esta Capital.
El idealismo de los jóvenes socios del Club
de Regatas «Lima», también
lo poseen los humildes pobladores chorrillanos; esta razón permite explicar la
muerte de uno de los héroes con que cuenta Chorrillos: Angel Camacho, más
conocido como Víbora, quien se inmola
cuando vuela
las instalaciones
del Hotel Terry
(del cual es obrero
de confianza
y cuida las instalaciones e implementos deportivos de los Clubes que allí tenían
su sede). El Club le rinde homenaje
acordando que siempre haya un bote de carrera que lleve su nombre. En el período
de Julio Noriega se le concede el nombramiento de Socio Honorario.
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HÉROES DEL CLUB DE REGATAS "LIMA": BATALLA DE TACNA ERNESTO R.
PLASENCIA SAN JUAN HERNANDO DE
LAVALLE ALBERTO DEL
CAMPO FELIPE VALLE
RIESTRA MIRAFLORES ARMANDO CASTAÑEDA MANUEL DAÑINO GASPAR PETRONE MELESIO, CASOS CHORRILLOS CARLOS GONZÁLEZ __________ . __________ ANGEL CAMACHO
"VIBORA”
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Hernando de Lavalle. Muerto
en la batalla de San Juan
Felipe Valle
Riestra y la Torre.
Muerto en la batalla de San Juan |
El Club de
Regatas “Lima”, hermanado con la población en una guerra donde se lucha
sin distinción alguna, entrega lo mejor de sí. El Presidente de la Institución,
José Vicente Oyague y Soyer, está en los cuerpos de reserva formando parte de
la Décima División, que custodia la hacienda Vásquez, donde se encuentra el
cuartel general del Presidente Nicolás de Piérola. Esta hacienda está a
escasos diez minutos, de donde lucharon los chilenos, sin llegar a la hacienda Vázquez
porque ignoraban la presencia del Presidente Piérola en dicho lugar. Oyague no
participa activamente porque los invasores no llegaron a dicha hacienda, pero
permanece al lado del Presidente del Perú..
Al referirse a esta época, asevera:
«nuestra Institución había cumplido, en el corto lapso de seis años, con el deporte y con la patria. Es pues, El Club de Regatas “Lima”, un santuario patriótico. No hay sino que alzar un poco nuestras miradas y comprobarlo. Estamos frente a los famosos Morro Solar y Malecón de Chorrillos donde se libraron batallas poco antes que la capital cayera en poder del ejército invasor»
La guerra afecta la marcha del Club, puesto que, aunque durante el siguiente año la actividad es
normal, el 12 de octubre de 1880 la junta Directiva toma medidas de seguridad
para proteger los botes (que son cinco con sus respectivos remos) y el menaje de
la Institución, de los daños que pueda causarle la escuadra chilena
establecida en Chorrillos. Se le otorga a Oyague y Soyer poderes amplios para
que tome las medidas necesarias para conjurar ese peligro. Parte de las
propiedades del Club se logran poner
a buen recaudo «debido
a la amabilidad de un caballero»
(Memoria
31 de Mayo 1880, J. V. Oyague), cuyo nombre no se menciona; posteriormente, el 4 de octubre de
1880:
«se celebra con Tomás E. Dallas un pacto de retroventa de los botes, remos y enseres del Club» (Acta, 6 de octubre de 1880).
Desde su creación, las juntas Directivas del Club se preocuparon por tener los implementos deportivos en buen recaudo. Quizá piensen en la posibilidad de liquidar el Club, con la esperanza más adelante de reabrirlo; de ahí la venta y por eso también es un socio quien compra. En diciembre de 1880 se decide entregar todos los libros y la documentación del Club al socio E. L. Batalha, vicecónsul del Brasil, para protegerlos de cualquier eventualidad. El vicepresidente Francisco Pérez de Velasco informa, en la Memoria del 22 de octubre de 1882, que no hay ingreso alguno de nuevos socios desde el 6 de marzo de 1881.
El 22 de octubre de 1882 se acuerda el receso, disolviéndose la Junta Directiva, y se nombra a Carlos Basadre, Representante General con amplios poderes. En la asamblea del 21 de octubre de 1883 se decide liquidar el Club. Esta sesión, a la que asisten 12 socios, es dirigida por Basadre, como Presidente Accidental, (aunque está presente también José V. Oyague).
Se manifiesta:
«Teniendo
en consideración que en las actuales circunstancias, perdidos sus botes y
enseres, y que solamente se encuentran en Lima 29 de sus 58 socios que lo
componen: no puede hacer el fuerte desembolso que se necesita para recuperar su
material, y por tanto no puede estar en el estado que antes se encontraba, pues
hoy sólo existe en el nombre; se declara disuelto el Club de Regatas “Lima” y derogados sus Estatutos y
Reglamentos de Regatas aprobados respectivamente en las juntas Generales de 11
de junio de 1876 y 16 de diciembre de 1877» (Actas).
El primer trofeo del Club
es rematado en 1882 para pagar las deudas que tiene la Institución, adquiriéndolo
Francisco Pérez de Velasco, quien lo devuelve posteriormente, cuando se
reincidan las actividades. También se acuerda (en octubre de 1882)
levantar un mausoleo en el Cementerio
General de Lima, en memoria de los socios caídos en la Guerra. En el
epitafio se escribe una palabra simple pero muy significativa: “Imitadlos”.
Aquellos que conforman el Club, al perder parte de los implementos deportivos así como la documentación pertinente, a causa de la guerra, no reparan al menos seguramente no del todo, en esos duros momentos, que el Club sigue viviendo junto con el Acta Fundacional y todas las posteriores actas que en 1884 se salvan del desastre de ser incineradas por acción de Carlos Basadre y Miguel Delgado. En estos jóvenes permanece latente también el deseo vívido de reiniciar la obra (lo que se lleva a cabo en 1894). Esto lo indica el hecho que se preocupasen por pagar todas las deudas del Club que se liquida, en instantes en que basta con aprovecharse de las circunstancias extraordinarias y extremas por las que pasa el Perú para no pagar. Sobre esta etapa, Juan Bautista de Lavalle (cuando accede a la presidencia en julio de 1922 por renuncia de Francisco Ballén), en la Memoria de 1922, dice:
«Nuestro Club se ha distinguido siempre por el respeto a la tradición y por su culto a la memoria de nuestros socios que cayeron cumpliendo con su deber y legándonos la preciosa enseñanza de que nada valen la vida ni las realidades materiales cuando se trata de realidades morales superiores y permanentes como la defensa nacional y la integridad de la patria».

Mausoleo erigido en el Cementerio General de Lima, en Memoria de los Socios caídos en la guerra con Chile.